¿Se debe cobrar la enseñanza metafísica espiritual?

¿Qué precio se le puede poner a un conocimiento que puede salvarle la vida y el alma a un ser humano?

Evidentemente, no hay manera de evaluar el costo que debería pagar el ser humano para recibir el conocimiento metafísico espiritual.

¿Por qué?

¡Porque el conocimiento metafísico espiritual no tiene precio!

 

Pero los medios utilizados para transmitir la enseñanza tienen un costo.

 

Cuando se decidió cobrar para amortizar los gastos originados por los medios de transmisión de la enseñanza espiritual (Ordenadores, CD, papelería, Correo, muebles útiles, etc.) se pensó que lo  justo era obtener una mínima ganancia que permitiera pagar los gastos.

La primera realidad que enfrentamos fue el hecho innegable de que, si íbamos a entregar el conocimiento metafísico a miles de personas en todo el mundo, era muy claro que tendríamos que cobrar algo o no podríamos ni siquiera comenzar a enseñar.


Entre más nos dábamos cuenta de los costos de organizar los seminarios por correo electrónico,  cuentas de alojamiento para las páginas del sitio en Internet (Hosting), su mantenimiento y actualización de información, la conexión de banda ancha de Internet, costos de correo, equipo electrónico y todo lo demás, se volvió absolutamente claro que iba a costar dinero enseñar, ya sea que estuviera bien o no, o que nos gustara o no.



Más aún, si las personas involucradas en este proyecto iban a dedicar parte o su vida entera a la enseñanza, tenía que haber suficiente dinero extra para pagar las necesidades simples de sus vidas, renta, comida, etc.

 

Limitaciones económicas

 

Después de varios años entregando la enseñanza del conocimiento metafísico, se descubrió que no importa el precio que se le  ponga al CD, DVD, a las clases, seminarios o a cualquier otro medio con el cual se estuviese enseñando, siempre para algunas personas sería demasiado caro. Hay personas que son tan pobres, especialmente en los países latinoamericanos que cualquiera que sea el precio es imposible para ellas.


La primera solución a esto fue entregar material de enseñanza gratis para aquellos que  no podían pagar.

Y fue allí cuando se comenzó a experimentar directamente la razón del entendimiento, de que nunca se debe regalar el conocimiento metafísico espiritual.

 

En las reuniones presenciales que en su época ofrecíamos, CD tras CD, curso tras curso, seminario  tras seminario, conforme se entregaba en forma gratuita el conocimiento a aquellos que decían que de otra forma no podían obtenerlo, se experimentó que eran las únicas  personas que nunca comprendieron lo que se les estaba enseñando.



Incluso se descubrió que si otra persona le pagaba la clase a alguien, había el mismo problema.

 

Los estudiantes que recibían la enseñanza del conocimiento metafísico gratuito, casi siempre eran los que llegaban tarde, faltaban, contestaban tarde los test evaluatorios de la enseñanza impartida o incluso no contestaban y abandonaban los ciclos de estudios en poco tiempo. Eran los que nunca estaban presentes en las actividades grupales del Círculo Metafísico, como las meditaciones organizadas por el GMSM (grupo de meditación de los servidores mundiales), grupos de oración y otros. Incluso a partir de ofrecer meditaciones mundiales on line, y demás servicios gratuitos por Internet.



¿Entonces cuál era la respuesta? Se pensó que el intercambio era sumamente importante. Si los alumnos recibían la enseñanza gratis, no tendría significado para ellos, pero podría efectuarse un intercambio que no tenía que ser exclusivamente por dinero. En lugar de dinero, podían donar tiempo y esfuerzo. Al hacerlo de esta manera, se involucrarían con su deseo de aprender y este, tendría significado para ellos.

 

Por ejemplo, personas que ofrecían cumplir un servicio dentro de las reuniones podían recibir las clases gratuitamente, pero curiosamente, estas personas eran las primeras en faltar al compromiso que ellas mismas habían solicitado, demostrando con sus actitudes lo poco que valoraban el conocimiento que se les ofrecía.



Surgió en varias entidades de índole espiritual proponer a estas personas que decían que no podían pagar, que si donaban su tiempo como voluntarios en una institución de beneficencia, como por ejemplo un hospital,  entonces podían recibir la enseñanza en forma gratuita. Luego  se les pedía una carta de la institución para verificar el tiempo en servicio que donaban estas personas.

Lo que paso fue increíble y verdaderamente fascinante. Solo una persona de cada cien, realmente tomaba esta oferta. Aunque no estaban trabajando y podían donar fácilmente parte de su tiempo libre, resulto que la mayoría de los que pedían la enseñanza gratis, no lo estaban haciendo por un profundo deseo espiritual, sino simplemente porque querían obtener "algo por nada."

Como se ven reflejadas las Creencias en los Resultados

Otra parte de la fórmula de pagar por el conocimiento espiritual, es que lo que se crea que es verdad sobre el dinero, afecta directamente el resultado final.


Existen organizaciones espirituales que les exigen a sus estudiantes donar todo lo que poseen antes de enseñarles algo, y algunas que piden precios tan altos que solo pocas personas pueden pagar por el conocimiento espiritual que supuestamente poseen.  


Pero los extremos nunca fueron buenos.

No cobrar por la enseñanza no es bueno. Pero cobrar demasiado es injusto y peor.


El Éxito Financiero es Importante


Hoy, luego de muchos años de experiencia sobre el tema de pagar por el conocimiento espiritual, creemos más que nunca que se necesita realizar un intercambio.

 

Para poder recibir lo esencial es necesario dar algo importante a cambio.

 

Y este intercambio necesita ser justo.


Entregar la enseñanza espiritual en forma gratuita no resulta práctico, ni para el maestro, ni para el alumno.


Y lo que la persona crea personalmente sobre el dinero, afectará el resultado. Las creencias sobre el dinero, determinarán finalmente si se tiene o no éxito económico.



Y tener éxito económico es importante, porque mientras no se tenga, se verá muy limitada la habilidad para compartir con otros, las enseñanzas espirituales que Dios nos ha otorgado a todos.